Aparece una mancha en el techo, una grieta en la pared o el parqué levantado. Lo primero que hace casi todo el mundo es pedir un presupuesto para arreglarlo. Y ahí empieza el problema: el presupuesto dice cuánto cuesta pintar, no cuánto vale el daño.
Un daño tiene tres partes
- El origen. De dónde viene: una tubería, la cubierta, la vivienda de arriba, una obra cercana. Si no se identifica, el daño vuelve.
- El alcance. Lo que se ve y lo que no: aislamiento mojado, instalación eléctrica afectada, madera hinchada bajo el suelo.
- El coste de dejarlo como estaba. No solo reparar: desmontar, sanear, reponer y rematar, con materiales equivalentes a los que había.
Reparar no siempre es todo
Hay dos conceptos que se confunden a menudo:
- Coste de reparación: lo que cuesta devolver la vivienda a su estado anterior.
- Pérdida de valor: lo que la vivienda vale de menos aunque se repare, por ejemplo cuando queda un defecto que no se puede eliminar del todo.
Según el caso, hay que acreditar uno, otro o los dos.
Qué hace un perito en la visita
- Fotografía y mide cada zona afectada.
- Comprueba humedad, fisuras y estado de los materiales.
- Recoge cuándo apareció el daño y cómo ha evolucionado.
- Revisa la documentación: partes, comunicaciones, presupuestos previos.
Tres errores que salen caros
- Reparar antes de documentar. Una vez pintado, la prueba ha desaparecido.
- Quedarse con un solo presupuesto. Un presupuesto no explica el origen ni el alcance.
- Esperar demasiado. Los daños por agua empeoran, y cuanto más tiempo pasa, más difícil es demostrar de dónde vienen.
¿Tienes un caso parecido? Cuéntame qué necesitas acreditar y vemos si una valoración pericial tiene sentido en tu situación.
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Este artículo es informativo y se centra en la parte técnica de la valoración. Para la estrategia legal de tu caso, consulta con tu abogado.
