Recuperas las llaves, abres la puerta y te encuentras puertas rotas, paredes agujereadas o la cocina inservible. La reacción natural es llamar a alguien para que lo arregle cuanto antes. Antes de hacerlo, para: lo que no documentes ahora, no podrás demostrarlo después.
Lo primero: documentar antes de tocar nada
- Fotos y vídeo de todas las estancias, con fecha, incluidas las que están bien.
- Detalle de cada daño: de cerca y de lejos, para que se vea dónde está.
- El inventario y las fotos de la entrada, si las tienes: son la referencia de cómo estaba la vivienda.
- El contrato y cualquier comunicación con el inquilino.
Desgaste normal o daño: la diferencia que lo cambia todo
No todo lo que está peor que al principio es un daño reclamable. Desde el punto de vista técnico, se distingue entre:
- Desgaste por uso: pintura envejecida, marcas de muebles, juntas oscurecidas tras años de alquiler.
- Daño: roturas, quemaduras, agujeros, elementos arrancados, instalaciones manipuladas.
Una valoración seria separa las dos cosas y tiene en cuenta la antigüedad de cada elemento. No vale lo mismo una encimera de dos años que una de quince.
Cómo se cuantifica
- Se mide y describe cada daño, estancia por estancia.
- Se calcula el coste de reparar o reponer con materiales equivalentes.
- Se aplica la depreciación que corresponda por antigüedad y uso.
- Se recoge todo en un informe con fotografías y anexos.
Y si eres el inquilino
El mismo trabajo sirve en sentido contrario: si te reclaman una cantidad que no te parece razonable, una valoración independiente permite comprobar si los daños existen, si son desgaste normal y si la cifra está justificada.
¿Tienes un caso parecido? Cuéntame qué necesitas acreditar y vemos si una valoración pericial tiene sentido en tu situación.
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Este artículo es informativo y se centra en la parte técnica de la valoración. Para la estrategia legal de tu caso, consulta con tu abogado.
